lunes, 15 de julio de 2019

Genes y riesgo de infarto en Adultos Mayores que viven en la Ciudad de México


La revista Science publica online en Mayo de 2007 la identificación de una variante genética localizada en el cromosoma 9p21, cuya presencia incrementa el riesgo de padecer enfermedad coronaria e infarto de miocardio, realizada por dos equipos de científicos trabajando de modo independiente.

En el estudio realizado por investigadores de EEUU (Texas) y Canadá (Ottawa) éstos encuentran que una sección del ADN (conocida como alelo del cromosoma 9p21, adyacente a los genes supresores de los tumores CDKN2A y CDKN2B), se asocia con el desarrollo de una enfermedad cardiovascular.

El estudio realizado con una sofisticada técnica para detectar variantes en el análisis de los genomas sobre una población de 23.000 personas, demuestra que aquellos individuos que sólo tiene una copia (un alelo) de esta variante (heterozigótico) presentan un riesgo moderado de enfermedad cardiovascular con infarto.

Por el contrario, en aquellas personas con las dos copias de la variante del alelo (lo que sucede ente el 20% y el 25% de la población blanca) el riesgo se incrementa entre un 30% y un 40% comparado con los individuos que no poseen en su genoma esta variante genética.

En el estudio islandés (realizado por la empresa deCODE, en Reykiavik), también con colaboración norteamericana, se examinó la Agencia de Cuidadores y Enfermeras a Domicilio en DF de 17.000 personas y se encontró que más del 20% poseían dos copias de la misma variante genética.

Variante genética y su efecto a la presión arterial


En los individuos con las dos copias de la variante (lo que se conoce como homozigótico) el incremento del riesgo de infarto de miocardio es del 60%, comparado con el riesgo de aquellos que no presentaban ninguna copia.

Para el grupo islandés tener esta variante en las dos copias en el genoma, lo que supone un riesgo elevado de infarto de miocardio, se encuentra en un tercio de los hombres por debajo de los 50 años y de las mujeres por debajo de los 60 años.

La variante genética no parece afectar a la presión arterial, al colesterol ni a otros factores de riesgo conocidos de enfermedad cardiovascular, lo que sugiere que se trata de un nuevo mecanismo.

Dado que dos equipos trabajando separadamente encuentran evidencias del papel de la misma variante del gen en el riesgo de enfermedad cardiovascular, los autores concluyen que el riesgo de dicha variante es real. No obstante, también es evidente que se puede reducir el riesgo de enfermedad cardiovascular mejorando el estilo de vida.